
Estoy segura de que él ni siquiera lo sabe, pero tiene una mirada... sí una de sus tantas miradas es más especial que otras. Y es cuando mira mis labios. Los mira como con intención de arrancarlos de un bocado, y a la vez, lo mira como si nunca los hubiera visto. Como si fueran un tesoro, como si fueran únicos y algo que valiera oro. Estoy segura de que él no lo sabe. Me hace sonreír esa mirada y él me pregunta con curiosidad de qué me rio. "De nada" le digo y vuelvo a juntar sus labios con los mios.
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